DIVINARER NOTITIA

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MEDITACIÓN DE CUARESMA II



Oración, ayuno y misericordia, las Claves de una buena Cuaresma


Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (14 de marzo de 2015) 

Mis amigos: 

Hoy quiero hablarles sobre estos días que corren, que son los de Cuaresma. Ya está avanzada, y tengo la impresión, que quiero trasmitirles con cautela, que en los últimos años la Cuaresma nos pasa por encima y no le llevamos el apunte. La Cuaresma pasa sobre nosotros, pero nosotros no pasamos por ella:

Estamos pensando en cinco mil cosas. A lo mejor el Miércoles de Ceniza fuimos a la iglesia para que nos impusieran las cenizas, pero también sabemos que la Cuaresma dura cuarenta días de preparación para la Pascua y hay que prepararse para eso. Si uno quiere de veras celebrar la Pascua, renovar las promesas del Bautismo en la Noche Pascual, es necesario prepararse y la preparación es la Cuaresma.

Desde siempre, desde hace siglos y siglos, la Iglesia ha enseñado que la preparación cuaresmal implica ocuparse de tres cosas, especialmente: la oración, el ayuno y la misericordia.

Uno puede decir que esas cosas, salvo el ayuno, porque en realidad mucho no ayunamos, las practicamos todos los días: rezamos y hacemos alguna limosna. Sobre esto un Papa de principios del Siglo V, San León Magno, decía que en la Cuaresma lo que hacemos habitualmente como cristianos, eso mismo lo tenemos que hacer con mayor insistencia, con mayor profundidad.

¿Qué significan esas tres cosas? Primero la oración. Se trata de cuarenta días en los cuales no sólo tenemos que decir alguna oracioncita, como hacemos, a lo mejor, a la mañana y a la noche, sino nada más. La oración es una conversación personal con Jesús y es abrir el corazón para que el Espíritu Santo nos ayude a rezar bien el Padrenuestro. No a los apurones sino bien, de verdad, y hasta podríamos pasarnos el día entero meditando en el Padrenuestro. Por eso les digo que la oración es el primer ejercicio de Cuaresma. Estoy simplificando un poco, ya que la oración es un camino a recorrer, que tiene etapas de constante elevación.

Luego viene el ayuno. Ahora la Iglesia nos pide ayunar sólo dos días en el año nada más: el Miércoles de Ceniza cuando empieza la Cuaresma y el Viernes Santo en recuerdo de la muerte de Jesús. Incluso desde siempre se ha dicho que ayunar es comer menos de lo habitual, por ejemplo, arreglarse con el desayuno y algo frugal al terminar el día. Ese Papa que les mencioné, San León Magno decía que más vale privarse de los vicios que privarse de los alimentos. Es decir ayunemos, pero privándonos de ciertos “gustitos” que nos damos a cada rato y de un “gustazo” que es el de consumir; el consumismo, es necesitar cosas que no necesitamos, el comprar cosas, preocuparnos por cosas que nos faltan y que en realidad no necesitamos. Me parece que el ayuno hay que interpretarlo así: una vida más sobria, una vida más austera y evadirnos de esa fiebre consumista que atrapa a todo el mundo.

Pensando en esto vamos al tercer asunto: la misericordia. Antes se decía la limosna que no son esas moneditas que damos a un pobre. ¿Qué significa la misericordia? Significa ser abierto y tener un corazón grande para los que más necesitan. Lo de la limosna quiere decir que aquello de lo cual una persona se priva ayunando –como una cervecita o un cigarrillo- o de otras cosas que consumo de más, eso lo guardo y hago una obra de misericordia. El Papa Francisco, en su Mensaje de Cuaresma para este año nos dice que la misericordia es estar atento a lo que necesita el otro que tenemos a nuestro lado. En primer lugar la misericordia empieza por casa, por ser buenos con los que tenemos cerca, ser buenos con aquellos que se nos acercan, no mirar con mala cara sino al contrario con benevolencia, y querer bien al otro.

¡Qué distinto andaría el mundo si hubiera misericordia! Para que la haya tiene que haber ayuno en el sentido que les he explicado, tiene que haber oración, acordarnos de Dios y que Dios tenga mucho que ver en nuestra vida, que aparezca en nuestra vida.

Pues bien, todo esto es la Cuaresma que tenemos que aprovechar aunque ya haya pasado más de la mitad, porque si no lo hacemos ¿cómo vamos a prepararnos para la Pascua?. Les dejo esta exigencia del Evangelio, de la Iglesia, de hacer seriamente la Cuaresma para que podamos pasar felizmente la próxima Pascua. Hasta la semana que viene.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

FUENTE: http://www.aica.org/documentos-s-TW9ucy4gSOljdG9yIEFndWVy-4325